Hola: ¿cómo va el inicio del fin de semana? Ya sé que estáis todos esperando que publique lo que hemos visto esta mañana en clase, y que ya no entendéis un fin de semana sin redactar un comentario de textos, sin analizar oracioncitas ni descomponer palabras, pero relajaos, salid a pasear y a que os dé el sol y el aire de las palmeras, total el comentario es solo para el lunes...
viernes, 27 de noviembre de 2015
domingo, 22 de noviembre de 2015
Texto para practicar el comentario
Hola de nuevo: pasadas ya las dos maravillosas semanas de exámenes, volvemos a la no menos maravillosa rutina de realizar comentarios de texto. Bueno, no os dejo en ascuas más tiempo, aquí lo tenéis:
La generación perdida no mola
Algún genio del storytelling político debió de inventar lo de la “generación perdida”, que tanto éxito ha tenido y todos repetimos cuando hablamos de los jóvenes golpeados por esto que llaman crisis. Bajo su significado negativo, me reconocerán que lo de “soy de la generación perdida” suena cool, tiene algo de la tan prestigiada estética del perdedor, y evoca escritores borrachos en París y rockeros malditos. Nadie se pondría una camiseta que dijera “Soy de la generación empobrecida y saqueada”, ni “Cuando deje de ser joven seguiré siendo precario”. En cambio, una chapa de la generación perdida me la pongo hasta yo. Y si encima te lo dice en inglés un organismo internacional o un medio extranjero, ya es que te entran ganas de formar un grupo punk o escribir una novela desesperada: the lost generation.
Pues no, oigan: aunque suene chulo, ser de la generación perdida no mola nada. Pero nada. Jóvenes, olvidad las telecomedias y el cine independiente: vosotros no sois esos.
La EPA de ayer, por ejemplo, funciona como foto de grupo de la generación perdida (en la que entran por igual los veinteañeros y los primeros cuarentones). Y la imagen resultante no es como para hacerse un póster: una tasa de paro juvenil terrorífica (y no soy yo el que elige el adjetivo), menos población activa joven y menos población joven en general (como en una posguerra, vamos), aumento del tiempo parcial. Es decir, un mercado laboral que para los jóvenes (y los no tan jóvenes que también se perderán) solo ofrece precariedad o emigración. No extrañe que, quienes no se van, digan que aceptarían lo que les echen, pues ha calado el discurso de “mejor un trabajo basura que no tener trabajo”.
¿Se da cuenta la generación perdida de hasta qué punto está de verdad perdida, arrojada al basurero del siglo? ¿Comprenden los jóvenes que lo de generación perdida no son unos años jodidos y a esperar los buenos tiempos, sino echar a perder toda la vida? Si uno es generación perdida, lo puede ser ya para siempre.
Dicho con crudeza: al paso que vamos, y si nada cambia, la generación perdida dejará atrás la juventud precaria para convertirse en adultos precarios (y en madres y padres precarios), hasta alcanzar una vejez tanto o más precaria. ¿O qué esperan? ¿Tener pensiones dignas cuando se jubilen? ¿Esperan siquiera jubilarse? ¿Cuántos años creen que van a cotizar, y por qué cuantía? ¿Y cuántas contrarreformas de pensiones pueden caer en los próximos treinta o cuarenta años?
Y la precariedad, vivir a salto de mata, compartir piso o pedir dinero a la familia puede tener su gracia con veintitantos, pero a los cuarenta es muy triste, y a partir de ahí es todo cuesta abajo. Decir con setenta años que eres de la generación perdida dará para unas risas, pero no propias.
Así es, amigos: la generación perdida no mola. Ya podeis asumirlo, entender la magnitud de lo que está pasando, y empezar a gamonalear* más a menudo, porque lo que está en juego no es precisamente una plaza de aparcamiento.
¿Se da cuenta la generación perdida de hasta qué punto está de verdad perdida, arrojada al basurero del siglo? ¿Comprenden los jóvenes que lo de generación perdida no son unos años jodidos y a esperar los buenos tiempos, sino echar a perder toda la vida? Si uno es generación perdida, lo puede ser ya para siempre.
Dicho con crudeza: al paso que vamos, y si nada cambia, la generación perdida dejará atrás la juventud precaria para convertirse en adultos precarios (y en madres y padres precarios), hasta alcanzar una vejez tanto o más precaria. ¿O qué esperan? ¿Tener pensiones dignas cuando se jubilen? ¿Esperan siquiera jubilarse? ¿Cuántos años creen que van a cotizar, y por qué cuantía? ¿Y cuántas contrarreformas de pensiones pueden caer en los próximos treinta o cuarenta años?
Y la precariedad, vivir a salto de mata, compartir piso o pedir dinero a la familia puede tener su gracia con veintitantos, pero a los cuarenta es muy triste, y a partir de ahí es todo cuesta abajo. Decir con setenta años que eres de la generación perdida dará para unas risas, pero no propias.
Así es, amigos: la generación perdida no mola. Ya podeis asumirlo, entender la magnitud de lo que está pasando, y empezar a gamonalear* más a menudo, porque lo que está en juego no es precisamente una plaza de aparcamiento.
Isaac Rosa
(Enlace: http://www.eldiario.es/zonacritica/generacion_perdida_paro_juvenil_6_221237906.htmll)
* gamonalear: hace referencia a una serie de protestas y disturbios ocurridos en el barrio burgalés de El Gamonal, por la oposición de los vecinos a un gasto presupuestario injustificado por parte del ayuntamiento.
miércoles, 18 de noviembre de 2015
Materiales "Luces de bohemia"
Ya tenéis aquí las presentaciones que hemos visto en clase y que complementan el tema del libro:
martes, 10 de noviembre de 2015
Ejercicios autocorrectivos de sintaxis (oraciones subordinadas sustantivas)
Aquí tenéis también ejercicios de autocorrección con oraciones subordinadas sustantivas. Os pongo dos archivo para descargar y un enlace con un material que contiene también oraciones diversas resueltas. Os dejo también un recordatorio de las perífrasis verbales.
* Atención: puede haber alguna disparidad en la forma de presentar el análisis, pero en general es similar a como lo estamos haciendo. Si tenéis alguna duda, comentádmelo.
Ejercicios autocorrectivos de morfología
Aquí tenéis algunas palabras resueltas para que podáis practicar el análisis morfológico. No está indicado el tipo de palabra completo (ejemplo: verbo de la primera conjugación, 2.ª persona del singular del plural del presente de indicativo); tampoco se indica el tipo de morfema flexivo (TMA, NP), pero no resulta difícil identificarlos. Para acceder, pinchad sobre el enlace:
martes, 3 de noviembre de 2015
Modelo de comentario "El escrache"
Aquí tenéis el texto que os puede servir como modelo para el comentario de textos. A la hora de corregir los vuestros fijaros en la estructura, en la terminología, en la forma de enlazar las ideas y las diferentes partes del comentario.
Comentario del texto "El escrache"
Para resumir este texto,
puede decirse que ante el estado de indignación que producen algunas
declaraciones y actuaciones del gobierno, no es extraño que la
sociedad muestre su descontento de forma pública y notoria. Muchas
personas todavía aguantan esta situación insostenible, pero llegará
un momento en que dejarán de hacerlo. Las situaciones de violencia
social son una respuesta de la ciudadanía ante las injusticias que
provocan algunas decisiones del gobierno, especialmente en momentos
de crisis económica como el actual. El escrache, practicado por
unos pocos podría considerarse un delito, pero realizado por una amplia
mayoría acabaría por convertirse en un mecanismo legítimo de
protesta. La sociedad está llegando a su límite, y el escrache,
independientemente de su origen etimológico, no es sino una forma de
expresar su hartazgo ante los poderosos.
Esquema organizativo
Este texto de carácter
expositivo-argumentativo está compuesto por cuatro párrafos que se
organizan en tres partes como la mayor parte de los textos de este
tipo: introducción, desarrollo y conclusión.
La introducción (que
abarca todo el primer párrafo) presenta el tema (la reacción social
frente al gobierno) que es la idea principal dominante en este apartado. Esta idea es respaldada por
cuatro ideas secundarias que refuerzan a la principal: el termómetro
para medir la indignación; “los cazos casi hierven…” (la
situación está al límite); “el caldero común” (la irritación
de toda la sociedad); o la reelaboración de una frase hecha “no
hemos salido del armario…” (no mostrar públicamente la
indignación).
La segunda parte del
texto (segundo y tercer párrafos) contiene el desarrollo del texto.
Este apartado está marcado por la presencia de dos ideas
principales: en primer lugar, la que establece la dicotomía entre la
protesta minoritaria y la colectiva; y, en segundo lugar, la que,
anunciando la tesis, argumenta sobre la legitimidad de una
respuesta ciudadana violenta a la violencia institucionalizada del
gobierno. Como ideas secundarias puede mencionarse la promulgación
de “decretazos” que legislan contra el bienestar social y la
situación de familias que carecen de medios básicos de
subsistencia, que representan algunas
de las causas de la fractura de la cohesión social.
El texto se cierra con
una conclusión (último párrafo) en la que la autora insiste en su
tesis (la movilización de la sociedad ante los poderosos),
que actúa como implícita idea principal encerrada en la expresión
“pues eso”, e ilustrada por la elucubración sobre el origen del
término “escrache” como herramienta de legítima defensa ante la
injusticia social.
Al tratarse de un texto
que expresa la opinión de su autora, este combina la exposición de
datos con la argumentación. En cuanto a esta última, el texto
presenta una gran carga metafórica que se percibe principalmente a
través de los argumentos de analogía (“la temperatura de la
sangre”, “los meninos y meninas del gobierno”, “los cazos
casi hierven”, etc.), y que utiliza la autora para hacer más
accesible al lector el conjunto de ideas que quiere trasladar. Por
otro lado, mediante un argumento de causa-efecto (causa: “violencia
social y moral…”; efecto: “paso colectivo…”) trata de
justificar la postura que defiende. Esta idea viene reforzada por una
generalización indiscutible expresada en forma de pregunta retórica
(“¿de verdad creen…?”), que da paso a la tesis del texto: si
la protesta minoritaria, se vuelve mayoritaria, queda legitimada (“si
lo hiciéramos muchos…”). El desarrollo concluye con una nueva
batería de preguntas retóricas, dirigidas esta vez en segunda
persona a los representantes gubernamentales. Por último, la autora
utiliza argumentos de cita (Wikipedia, Boris Vian) para elucubrar un
significado del término «escrache» que manifieste ese sentimiento
de hartazgo frente a la clase política que exterioriza buena parte
de la sociedad.
La tesis, la defensa de
la legitimidad de la protesta personalizada ante actuaciones políticas
injustas, aparece reflejada de forma implícita a lo largo de todo el
texto. Por esta razón, puede decirse que el texto manifiesta una
estructura de tipo paralela o repetitiva.
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