Aquí tenéis el texto para realizar el comentario. También lo tenéis en la fotocopiadora:
Maruja Torres, "El escrache" (El País)
Si existiera un termómetro para medir la temperatura de la sangre
cuando bulle de indignación, habría que observarlo atentamente. Entre la
repugnancia que producen los malintencionados disparates verbales de
los meninos y meninas del Gobierno, y su malévola gestión de nuestros
asuntos, parece difícil no reconocerse a uno mismo en permanente estado
de preescrache. Somos muchos los que no hemos salido del armario de
nuestra ira individual. Pero los cazos casi hierven, aunque todavía no
sepamos en qué momento abandonaremos nuestras cocinas para ir a
depositar las rebeldías en el caldero común. Un caldero que hay que
verter, claro que sí, a las puertas de los responsables.
Sería un milagro que semejante paso colectivo se llevara a cabo sin
una dosis de violencia, dada la violencia social y moral que el propio
Gobierno aplica con sus decretazos cotidianos, a fuego rápido.
¿De verdad creen que alguien que no tiene con qué dar de comer a sus
hijos y que se ha quedado sin techo no acabará por estallar? El problema
es que exploten pocos: eso proporciona excusas a los carceleros del
régimen. Si lo hiciéramos muchos, muchísimos, ya no sería escrache, sino
una actitud mayoritaria más valiosa que los votos que condujeron a los
verdugos hasta aquí.
Estamos hartos, eso queda claro. Canalizar la hartura es nuestra
tarea más importante. El escrache, ¿les ofende? ¿No les parece
democrático? ¿Únicamente ustedes pueden cargarse la democracia, desde lo
alto, para imponernos esto?
En Wikipedia se dan muchas versiones del origen de la palabra lunfarda
escrache, pero a mí me gusta uno que ni siquiera es su origen.
Fonéticamente, me recuerda el verbo francés cracher, escupir, y muy especialmente la novela de Boris Vian J’irai cracher sur vos tombes, que trata de la venganza de un mulato contra la tiranía de los blancos. Pues eso.
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